Nuestro volcán Llaima no siempre ha sido como lo vemos.
En un principio, se armó como un volcán de esos típicos que nos imaginamos: lo que se llama un estratovolcán. Esto pasa porque los depósitos de lo que suelta el volcán van cayendo, y se empieza de a poco a armar un cono. El Llaima ancestral entonces era un cono, muy distinto a lo que vemos ahora. Al parecer, el magma que alimentó a ese volcán no fue muy distinto al de ahora, que es poco viscoso, y por lo tanto no lleva a erupciones tan fuertes.
Pero eso cambió. Hubo una secuencia de tremendas erupciones que destrozaron casi todo el cono. Los restos de los tremendos flujos piroclásticos llegaron hasta Quepe, ¡a casi 100 km de distancia del volcán! Después de eso, el magma quería seguir saliendo, y lo hizo a través de una fisura. El Llaima 2 era ahora un volcán como los de Hawaii, con una base grande, que hasta el día de hoy la vemos. Pero el tiempo pasa, y de a poco comenzó a construir un nuevo cono: el Llaima 3 nacía. Este volcán era puntiagudo, y de hecho los mapuche lo llamaban haciendo referencia a esa forma que el tenía.
Pero llegó la erupción de 1640, y el volcán se partió. Creemos que el segundo cráter (el Pichillaima) nació en esa tremenda erupción que, como ya sabemos, tuvo un impacto tremendo en la historia del conflicto mapuche-español.  Así, el Llaima ha ido evolucionando, ¡y lo va a seguir haciendo!
Hoy podemos ver esa base grande, que nos cuenta sobre el pasado del volcán, en muchos lados. En las fotos se los mostramos desde Melipeuco, Sollipulli, y el camino a Sierra Nevada. De todos estos lugares podemos contar su historia. ¿Te animas a venir a verlo?
Y el segundo cráter le nació (al parecer) en la gran erupción de 1640, que tuvo una influencia en nuestra historia…
   

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